Saturday, April 01, 2006

LA RELACION ENTRE EL SUJETO Y EL OBJETO
EN LA INVESTIGACION CIENTIFICA
Materiales de Epistemología



¿Quién es el otro?


¿Qué relación puedo y debo establecer en cuanto sujeto conocedor, con mi objeto de investigación? Pero aun así cuando reflexionamos a la relación "sujeto-objeto" durante el conocimiento científico, no puedo menos de percibir que el "objeto" de que se ocupa mi investigación no es un objeto, es una persona, es un ser humano.


Las Ciencias Sociales se han confrontado históricamente con este dilema epistemológico, toda vez que en la aplicación de métodos y técnicas de investigación el sujeto que investiga, tiene delante suyo a otro ser humano. Si reducimos la cuestión a una lectura concreta, realista, los Sociólogos deberíamos decir: son dos personas, son dos individuos colocados en dos roles distintos, roles que no necesariamente son fijos, pero en definitiva roles sociales prescritos en los que existe siempre una connotación jerárquica.


¿Quién es el otro a quién investigo? La mera constatación de que es también un ser humano, con toda su poderosa carga ética y moral implícita, podría ser absolutamente insuficiente para responder a la cuestión desde la Epistemología y desde la Metodología de la Investigación.


Y más aún, ¿cómo evito que en el curso del proceso de investigación, no se sientan involucrados mis sentimientos, mis preferencias, mis propias creencias y pre-juicios frente al sujeto que investigo o que es objeto de mi conocimiento? Aquín está planteado el tema del método científico y de la ruptura epistemológica.



El método: de Bacon a Descartes


La idea de que es necesario un nuevo método para abordar el estudio de la naturaleza aparece ya de una manera clara y decidida en Bacon. En el "Novum Organum", luego de la "pars destruens", en la que Bacon analiza los ídolos (idola), es decir, los elementos o aspectos del conocimiento que interfieren en el conocimiento de la verdad y que recogen el conjunto de errores más comunes en la investigación de la naturaleza, se dedica en la "pars construens" a presentarnos un método de carácter inductivo que tiene por objeto la investigación de la realidad natural.


El método escolástico -predominante durante la Edad Media- había fracasado y se necesitaba un nuevo método que sea capaz de ofrecernos un conocimiento real de la naturaleza. A pesar de la oscuridad y de la retórica todavía existente en la obra de Bacon la formulación del método inductivo está inequívocamente formulada.


Lo mismo ocurre en el caso de Galileo Galilei. Su formidable búsqueda de la objetividad en el conocimiento de la naturaleza le llevará a rechazar los procedimientos escolásticos inspirados fundamentalmente en Aristóteles y respaldados a fardo cerrado por la Iglesia Católica. Galileo está convencido de que el conocimiento de la naturaleza es posible pero, que al estar escrito en un lenguaje matemático, requiere del conocimiento de dicha ciencia para ser interpretado así como de su aplicación correcta al ámbito del conocimiento. Sin embargo, es necesario recurrir a la experiencia para contrastar las hipótesis matemáticas que se formulan sobre la realidad, por lo que el carácter de su método es hipotético-deductivo.


Además, la interpretación matemática de Galileo se orienta hacia la cuantificación, dirección que seguirá la física moderna con Newton y que se continuará hasta nuestros días.


Descartes optará por una interpretación distinta del método. Comparte la idea de que la naturaleza es una realidad dinámica con estructura matemática. Comparte también la necesidad de la existencia del método dado el fracaso de los métodos anteriores en el conocimiento de la verdad. Pero tiene una interpretación distinta del significado de las matemáticas. Para Descartes el éxito de las matemáticas radica no en su estructura que hoy denominaríamos axiomática, sino en el método que utiliza.


Y ese método es un método deductivo. Si el conocimiento de la naturaleza es posible gracias a las matemáticas es pensable que utilizando el método que utiliza las matemáticas se pueda alcanzar la verdad y la certeza en el conocimiento de los otros aspectos de la realidad.


Descartes, por lo tanto, comparte con Bacon y con Galileo la necesidad del método para conocer la realidad. Las críticas que Bacon y Galileo realizan a la escolástica son similares a las que realiza Descartes. El fracaso de los métodos silogísticos, el fracaso de la física aristotélica, hacen necesario un nuevo método para interpretar la realidad. Ello supone la confianza en la razón que ha ido ganando su autonomía en el paso del siglo XVI al XVII.


El nuevo método además ha de tener capacidad para descubrir, no basta un método que tengan carácter meramente explicativo, que sirva para exponer o para comunicar un conocimiento. No se trata de transmitir un saber acumulado a través de la historia, sino de descubrir, de inventar. Dado que para Descartes el éxito de las matemáticas radica en la utilización de un método, parece quedar claro que el conocimiento de la verdad debe ir asociado a la utilización de un método.




Descartes, uno de los fundadores de la ciencia moderna, ya se había planteado el problema de la objetividad o más bien dicho, el dilema "objetividad-subjetividad", desde el punto de vista de la relación objeto-sujeto.



La mayoría de los estudios publicados sobre Descartes enfatizan los factores racionales de su pensamiento, se valora su racionalismo, su contribución a la evolución de las matemáticas (con la creación de la geometría analítica), sus estudios físicos (que competían contra los de Galileo), sus curiosas opiniones sobre la anatomía humana (actualizando las tesis de William Harvey), pero sobre todo su actitud epistemológica, su declaración de independencia de la razón, la ruptura con el anterior Renacimiento de los siglos XV y XVI y la creación de un moderno filosofar sobre el mundo.



René Descartes ya no piensa la realidad en términos exclusivamente "ontológicos" sino "epistémicos", o sea, que el eje de la verdad se deposita ya no más en el objeto sino en el sujeto del conocimiento. Este enfoque representó un cambio axial profundo que obligará al pensamiento abstracto a ser más exigente con el modelo de subjetividad.



Sin embargo, hemos de ser honestos, no pueden existir rupturas absolutas, la tradición siempre prolongará sus valores y problemas a las nuevas generaciones; las características de la filosofía cartesiana representan una continuidad que arranca quizá desde los griegos, que pasa por la teología medieval, sistematizada por la escolástica, y llega hasta la Francia del siglo XVII. Pero esto no elimina los tonos particulares con que Descartes asumía la búsqueda de la objetividad.



Los dilemas de la ruptura epistemológica


La moderna reflexión epistemológica responde a estos cuestionamientos, postulando la más absoluta ruptura epistemológica posible entre el sujeto que conoce y el objeto de su conocimiento. Esto significa que el individuo que investiga debe establecer con su objeto de investigación una relación lo suficientemente impersonal, objetiva y racional que no vea involucrados ni sus prejuicios ni sus pre-nociones ni sus sentimientos.


Efectivamente, la ruptura epistemológica es clave para el matemático que calcula, para el arquitecto que diseña, para el constructor que construye, para el astrónomo que escruta, para el físico y el ingeniero...pero ¿y el Asistente Social o el Psicólogo o el Sociólogo o el Periodista, que se ven confrontados diariamente con hechos cotidianos que subvierten su apreciada objetividad y fría racionalidad?


Para la ciencia moderna la ruptura epistemológica es una exigencia ineludible, anotada como una condición sine-qua-non para asegurar que el investigador -el yo conocedor- no vea distorsionada su razón y su comprensión de los hechos que investiga, por el involucramiento subjetivo que ocasionan los sentimientos, los afectos, las preferencias, la ideología o los prejuicios.


Pero, en realidad ¿puede el investigador desprenderse totalmente de esas condiciones de su subjetividad humana?


La respuesta es tan relativa como todo el proceso de búsqueda de la verdad y de la objetividad. El ideal moderno de la objetividad supone un investigador cuasi impersonal que se sumerge en la realidad a investigar sin involucrarse sentimental ni subjetivamente con el objeto que investiga, pero todos sabemos y los intelectuales tenemos la certeza que esa fría objetividad no existe y constituye un horizonte posible pero que no siempre se alcanza.


Una mirada postmoderna del progreso de la ciencia, nos permite comprender que es precisamente la búsqueda científica a través de la subjetividad humana la que podría permitira avanzar en la comprensión de numerosos fenómenos sociales, económicos y políticos. Posiblemente el ideal cartesiano de la objetividad exhaustiva está en camino de ser cuestionado.


Referencias bibliográficas


Herman, A.: The Scottish Enlightment. The Scots Invention of the Modern World. London, 2001. Fourth Estate.

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